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El barco partió de Vigo (Galicia), y Juan Antonio, que no podía dejar atrás la gaita, aprovecha el largo viaje para practicar en la popa del barco. El capitán, que le escucha varias veces, le pide que toque un poco en la fiesta que tiene pensado organizar con motivo del paso del Ecuador para todo el pasaje. Así que Juan Antonio amenizó la velada, tocando pasodobles, valses, jotas y canciones.

Tan maravillados y contentos quedaron que por aquella noche el propio capitán le recompensó con 700 pesetas de entonces, y el pasaje le había costado 750.


Después, una vez en Buenos Aires, en honor a la gaita que le había proporcionado el dinero para pagarse el billete, hizo fundir 14 duros de plata (parte de lo que le había dado el capitán) en una joyería para copiar el punteiro que tenía en madera. Después de seis años de trabajo, y al no ganar todo el dinero que esperaba, decide regresar a España, recuperando sus tierras con el dinero ahorrado, y convirtiéndose en la maravilla de los pueblos de alrededor al tocar con una gaita de plata.

Otra anécdota de su vida fue que el pueblo de Mombuey le encargó, con motivo de una festividad del 15 de Agosto, reunir cuatro gaiteros para tocar en la procesión, lo que fue sin duda la primera “banda” de gaitas de la región. Tocaron Félix Carbayo de Vega del Castillo, Ramón y Pablo Tejero de Espadañado, y el propio Juan Antonio de Dornillas (se cayó del cartel Juan Barrio de Pedralba). Su relación con el pueblo de Mombuey fue tal, que le tenían contratado para tocar todos los domingos.

Murió en 1996. Su hija Ángeles aún conserva con amor la gaita de plata de su padre.

  
Este gaitero tuvo una vida apasionante. Juan Antonio Parra nació en 1900, en una familia de gaiteros (su abuelo y su padre también tocaban la gaita) originaria de Villalverde de Justel, aunque vivió en Dornillas.

Comenzó, como la mayoría de los gaiteros, de manera autodidacta a los 14 años, tocando las melodías que había escuchado en casa. Empieza a ser llamado a tocar en pueblos como Donado, Doney, Gramedo, Lanseros, Manzanal de los Infantes, siendo especialmente querido en Mombuey. Su carrera se ve parcialmente truncada cuando marcha a la Guerra de Melilla, de donde vuelve con parte de un tapiz que luego usaría como funda del fole.

Pocos años después, como tantos otros, decide emigrar a América, y será en ese viaje en el que viva uno de los momentos más inolvidables y emocionantes de su vida. Para pagarse el viaje pide dinero dejando en garantía sus tierras.

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Juan Antonio Parra y su gaita de plata

 Juan Antonio de Dornillas. Puntera de plata